How to Get Away with Murder vuelve intensita: Crítica del 3×10 "We’re Bad People"

How to get Away with Murder puede no ser perfecta, pero creo que todos estaremos de acuerdo en que es una de las series más “intensitas” y ágiles que se pueden ver en la actualidad. Pasan tantísimas cosas por minuto, y tiene un sentido del humor tan genial, que es realmente difícil que un episodio te resulte aburrido. El pasado noviembre alcanzaba su cénit de locura y mamarrachismo, como nos contaba nuestro compi David , con un acontecimiento que marcaría un antes y un después en la serie. El 3×10 “We’re Bad People” retoma ese hilo y retuerce aun más las cosas con esa gran pregunta que flota en el aire… ¿quién es el nuevo asesino? ¡ Spoilers a partir de aquí! Que How to get Away with Murder está hecha para el expreso lucimiento de Viola Davis no es nada nuevo. Durante este episodio la drama queen de Shondaland ha podido practicar otra de sus facetas interpretativas: en “We’re Bad People” no la hemos visto furiosa, ni determinada, ni tan siquiera deprimida… la hemos visto puramente abatida, apática . La muerte de Wes la ha afectado tanto que no se siente capaz de luchar por sí misma . De eso se encargará Bonnie (siempre me ha gustado Bonnie, y ella y Annalise son LA pareja), que tendrá que luchar contra sus inseguridades y defender ella misma a Annalise. La paranoia, compañeros, está servida: Annalise no puede confiar en nadie más que ella. Y lo cierto es que sería todo un puntazo que Bonnie fuera quien mató a Wes (quizá él descubrió que ella es la asesina de Rebecca), pero creo que eso sería rizar demasiado el rizo. Tantos disgustos para Annalise NO, por favor. No os voy a mentir: Wes siempre me ha dado un poco igual. Me parece mono, pero me aburre más que las piedras . Y, sin embargo, este capítulo “post-mortem” se esfuerza, cómo no, por hacernos ver el rayito de sol que era. Me han gustado mucho los recuerdos que los demás tenían de Wes (¡incluso Michaela tuvo su momentito con él!), y me han gustado sobre todo las formas de enfrentar el duelo de Asher y Connor. Porque Asher, como él mismo dice, es más que un “capullo insensible”. Su personaje se ha ido volviendo más y más complejo con el paso de las temporadas, y me gusta mucho su relación con Michaela -loca, sí, pero al menos mucho más creíble que la de Wes y Laurel ; reconozcamos que se sacaron eso de la manga-. Resulta interesante ver cómo él se va haciendo consciente de sus privilegios y de su “whiteness”. La crítica social de esta serie y su inclusividad de personajes no blancos y LGTB es algo maravilloso. Gracias por tanto, Shondaland. Connor, por otra parte, ha sido Connor. Escondiéndose tras esa fachada de tipo duro y sarcástico se encuentra el tipo sensible y cariñoso que todos sabemos que es . Pero ya lo dijo Meggy… ¿acaso hay una forma “correcta” de procesar el duelo? Lo único que me ha producito desinterés ha sido su trama con Oliver. ¿Podemos hablar de lo imbécil y pesao que se ha vuelto Ollie? ¿Podemos? Han abusado tanto del drama sin sentido con él esta temporada que ahora me da una pereza terrible cada vez que sale en pantalla. Connor, te mereces a alguien MUCHO mejor -yo me propongo candidato-. “We’re Bad People” me ha parecido un buen episodio. Algo predecible, de una estructura narrativa que era de esperar (esta jugada de los flashbacks es típica cuando muere en una serie algún personaje importante), pero bastante efectiva. El giro final con Frank, por otra parte, ha sido también predecible, aunque no por ello menos molón. Pero, ¿quién mató de verdad a Wes? Porque no, obviamente no ha sido Frank. ¿Ha sido realmente la hermana de Sam? ¿La familia del padre Wes? ¿Meggy? ¿Nate? ¿El padre de Laurel? Esperemos a ver qué giro loquísimo se sacan de la manga en el último segundo. Lo que va a ser realmente interesante será ver a Annalise renaciendo de sus cenizas, porque algo me dice que pronto la ira y la sed de venganza la despertarán de su aletargamiento. ¿Podrá esta mujer ser feliz alguna vez en su miserable vida? Ojalá los guionistas le dan alguna alegría, porque TELA marinera los dramas de esta señora. Pero todo sea por el lucimiento de Viola Davis, Diosa del Universo. Isidro López ( @Drolope )

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Series españolas: Rabia

No hace falta ser un entendido en series para sentarse en el sofá, ver unos minutos de Rabia , y notar que algo falla, que algo no funciona, chirria… aunque luego ya sea más difíl identificar el qué. Lo lógico es pensar primero que la temática está muy vista, pero precisamente por eso, porque los zombies/infectados son un género en sí mismos, no hay nada concreto con lo que comparar… es otra cosa… ¿Los actores? Tampoco, están Núria Fernández, Malena Alterio, y Adriana Ozores ¡Por Dios Santo! ¿Los efectos especiales pues? Bueno, no son de premio, pero tampoco son especialmente cutres… ¿Entonces qué pasa? ¿Qué hace que no sea creíble? ¿Qué hace que una serie dramática resulte cómica? Y lo tienes: la ambientación es clave. Llevamos años alabando el salto cualitativo en la producción de las series de nuestro país, de hecho no hay más que remontarse al estreno de Mar de Plástico la semana pasada, para ver un ejemplo del nivel visual que pueden alcanzar las series españolas. Una exquisita fotografía, que utiliza tonos cálidos para diferenciarse de los thrillers suecos que estamos acostumbrados últimamente a ver, una dirección que cuida los planos, o una producción que invierte en exteriores e interiores realistas, en lugar de decorados… eso es lo que le falta a Rabia , y es una pena. Porque la serie de Cuatro tiene un guión del que podría sacarse mucho jugo, si su estética no nos trasladara a una producción de serie B. Olvidemos por un momento el exceso de luz, el abuso de planos cortos, o los evidentes decorados, y centrémonos en la historia. Aquí Rabia demuestra inteligencia , trampeando muy astutamente el género para suplir un reducido presupuesto: optando por un virus que no se propaga, y ahorra en extras, y una historia de personajes, al más puro estilo Refugiados . Planteando el escenario ideal para reflexionar sobre nuestra sociedad: la convivencia con los infectados, el dilema familiar, la reacción del gobierno o la humanidad que se perdería en el proceso. Normalmente si a eso, le añades una dosis de ciencia ficción, ¡et voilà!, tienes un producto más que decente para superar un pobre presupuesto. Rabia lo intenta, planteando ya desde el primer capítulo cuestiones como la dualidad entre hacer lo correcto y sobrevivir, ó el sacrificio individual versus el bien común , pero no es suficiente. Sin la estética apropiada, pierde toda credibilidad. Una de las taras principales que asolan el audiovisual actual, y que suele pasar muchas veces desapercibida, es la paridad y el estereotipo en los personajes femeninos . Un tema que aunque no es nuevo, sí es de reciente actualidad después del discurso de Patricia Arquette, y el hashtag #AskHerMore en la última ceremonia de los Óscar, y el alegato de Viola Davis en la entrega de los Emmy, hace apenas unos días. En eso, Rabia sí puede sentirse orgullosa de no ser una más. La serie alardea de mujeres fuertes, y además maduras, como protagonistas. Lo hace de forma natural, cosechando alrededor de un 10% de share , y demostrando que los obstáculos están en la mentalidad de la industria, no en la de un espectador que demanda calidad, no clichés de género. En definitiva Rabia es una buena idea, con una mala ejecución . Papel mojado, o como popularmente se diría: la historia de lo que podía haber sido y no fue. Lo dicho, una auténtica pena.

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