Review The Killing: Six Minutes

Penúltima entrega de la temporada para The Killing , ya que los dos episodios finales llegarán en una sola tanda, del tirón, el próximo domingo día 4 . Antes de ese desenlace pasaremos seis minutos en algún lugar, o seis minutos será el tiempo que tengan Linden y Holder para hacer algo, o algo relacionado con seis minutos, que al fin y al cabo es el título del capítulo. Con nuestras teorías sobre el asesino bajo el brazo nos disponemos a ver este 3

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Review Dexter: This Little Piggy

Continuamos avanzando en la temporada, y llegamos a un episodio cuyo título no nos ofrece demasiadas pistas acerca de lo que vamos a encontrar. Eso, después de lo que vimos en el episodio anterior, imaginamos que nos encontraremos algunos cambios , especialmente en lo que se refiere a Vogel y Deb. Si ya has visto el episodio, pasa y comparte tus impresiones. ¿Cómo se ha portado Dexter esta semana? Episodio 8

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Review The Killing: Reckoning

A los pocos segundos de empezar a ver el episodio de esta semana de The Killing tuve una especie de revelación. Uno de esos momentos en que se abre el cielo y bajan rayos de luz y alguna figura mística dice una frase que te soluciona la vida. Bueno, quizá no tan exagerado… El caso es que vi el nombre de Jonathan Demme en los títulos de crédito y me iluminé. ¡Jonathan Demme, el director de El silencio de los corderos ! Me dije que sí, que esta semana The Killing me iba a robar el corazón. Pero no. Ni Demme (al fin y al cabo, poco se ha prodigado después de aquella maravilla, si acaso con Philadelphia ), ni gaitas. La historia es la que es. Un juego del escondite no muy bien planteado en el que, además, esta semana hemos tocado un tema escabroso que, al menos yo, consideraba casi tabú. Sí, me refiero a la imagen de aquí arriba … Es difícil crear algo realmente nuevo en televisión: casi todo siempre acaba recordando a algo. No es que sea malo, prácticamente diría que es normal porque las ideas geniales no caen del cielo. Así, la Tensión Sexual No Resuelta (TSNR en adelante) es uno de los pilares de los dramas y las comedias en las últimas décadas. Que si Maddie y David en Luz de Luna , que si Scully y Mulder en X-Files , que si Rachel y Ross en Friends … bueno, qué os voy a contar que no sepáis. En The Killing había algo parecido a la TSNR entre Linden y Holder … muy cogido con pinzas, ya que hasta esta temporada ambos habían demostrado un grado de asexualidad bastante elevado. En cambio, a principios de la tercera tanto ella como él están emparejados. Y al poco de arrancar la temporada, emparejados (profesionalmente) entre ellos, un año después del caso Larsen. Y con el crescendo de capítulos, más unidos. Y, finalmente… pasó lo que creo que jamás de los jamases debería haber pasado . Un intento de uno de los dos (Holder, los tíos siempre pican) que es correspondido con una cobra por el otro. ¿De verdad que a estas alturas de la película hemos de meter esto aquí? Chirría tanto el intento de beso de Holder como la bronca que le mete a su novia en el coche… una novia que, por cierto, es bastante más guapa, simpática y agradable que Linden… ¿o no? Bueno, rabietas a parte, vamos a desgranar el episodio porque hay mucho de lo que hablar . Y empezamos con la vuelta de Joe Mills a la serie. Oculto para todos durante unos cuantos días, el sospechoso número uno (con permiso del pastor, claro) para la policía de Seattle vuelve a casa sin ningún tipo de problema, con la satisfacción de poder ponerle cara de malo a Danette, que sigue buscando a su hija. Rápidamente descubrimos cómo es posible que Mills no haya sido detectado: estaba viviendo en un almacén , uno de esos espacios de pocos metros cuadrados que puedes alquilar para guardar trastos. Allí lo sorprenden Linden y Holder y allí se inicia una de las pocas escenas de acción de la serie. Quizá la falta de práctica en estos menesteres es lo que les lleva a guionizar a un Mills que, en lugar de salir corriendo, noquear o pegarle un tiro a Linden, prefiere sentarse encima de ella mientras espera a que llegue Holder. Y ahí ya sí, está perdido. Mills cazado y su taxi en el garaje de abajo. Holder haciendo una inspección de rutina y Reddick, su excompañero, que aparece misteriosamente con los anillos . ¿De dónde los ha sacado? ¿Del almacén, del taxi? ¿Los traía de casa? Muy mala espina me da este tipo, en parte porque me ha chirriado mucho que sea él quien llegue tan felizmente con los anillos, y en parte porque tampoco hay mucho sospechoso más donde pescar. Porque claro… Mills sabemos que no es . Ahora iremos a eso, pero antes quiero cerrar la parte del almacén con la escena del adiós de Bullet. Lo tenía crudo tras el final del episodio anterior y lo cierto es que la escena ha estado bien, impactando muy duro en la línea de flotación de Holder. Escena que a muchos os habrá recordado al inconmensurable final de Se7en , y en la que destaca una vez más el buen hacer de Joel Kinnaman, sin duda el mejor actor de la serie . Antes de todo este lío, Linden y Holder esperan pacientemente en la escuela de Adrian a que un psicólogo dictamine que el niño puede testificar. Con el paso de las semanas veo más claro el error de los creadores de la serie de intentar enlazar ambas historias, la del presente y la del asesinato de Tricia Seward . La intención es evidente: ya nos dejaron el anzuelo del caso Seward a finales de la segunda, y era un anzuelo demasiado jugoso como para dejarlo escapar. Pero no funciona. Primero, porque las dos historias han ido demasiado en paralelo durante los nueve episodios emitidos, dando la sensación de estar viendo casi dos series diferentes; segundo, porque toda la trama del niño es muy inverosímil. ¿El niño quiere o no quiere salvar a su padre? Porque si quiere salvar a su padre, debería hablar sin falta de que venga la policía… y si no lo quiere salvar, le podría acusar claramente. Dada su edad, parece difícil que no haya enterrado ya cualquier recuerdo que tuviera y que los policías no fueran capaces de sonsacarle en su día. Pero, sobre todo, Linden… ¿por qué no le has preguntado por los dibujos en el interrogatorio? Hasta no hace tanto parecían la clave del caso… Retomo lo que decía acerca de Mills. No es el culpable, al menos de los asesinatos . Supongo que sí tendrá su lado oscuro, en cuanto a su relación con las cintas parece cien por cien real. Pero el autor de las muertes tiene que ser otro, y mis focos están en Reddick por lo que os comentaba más arriba y porque precisamente él es quien esquiva también el aluvión de llamadas de Bullet a la central. Obviamente, podemos estar ante otra nueva jugarreta de los guionistas ; pero el hecho de que ya quede poco y de que no lo hayan señalado claramente (ya sabéis, escena final con su cara medio oscurecida y tramando algo) me hace sospechar poderosamente de él. Cerramos la review con nuestra visita semanal a la cárcel donde Seward pasa sus últimas horas, una trama en la que hemos tenido doble terremoto . Primero con la revelación de que el religioso compañero del propio Seward no es tan buena pieza como parecía. Resulta que ha estado jugando con la fe ajena, convenciendo a Ray de una conversión… y todo para tomarle el pelo, para hundirle aún más en el pozo . El segundo terremoto tiene que ver con otra historia que se llevaba cocinando también desde hace semanas y que no apuntaba precisamente a final feliz: los cuernos en casa de Becker. El calvo guardia de prisiones ha visto como su hijo ha acabado dando el golpe en la mesa que él evitaba… aunque ciertamente el chaval se ha pasado cuatro pueblos . A decir verdad, ambos giros me han dejado muy, muy desconcertado . ¿Cómo encajan dentro del todo que es la temporada? ¿Qué propósito dentro de la trama tiene, por ejemplo, lo de Seward y Dale? Muy posiblemente este último tenga que ver o sepa algo acerca del asesinato de Tricia. Es decir, que podemos tener varios culpables: Mills en los vídeos, Reddick en los asesinatos de las jóvenes y el tal Dale en el de la esposa de Seward . ¿Compráis la teoría o es demasiado resbucada? En general, ¿qué os parecido el episodio?

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Review Dexter: Scar Tissue

Terminamos este primer tercio de temporada con un episodio que, en mi opinión, está por encima de los anteriores. Un capítulo con buenas intenciones que, sin embargo, me deja una pequeña espinita clavada, que confirma lo que ya comentamos en relación con el episodio de la semana anterior: los guionistas tienen algunas buenas ideas, pero da la impresión de que les falta valor para ejecutarlas cuando llega el momento de la verdad. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos: vamos a comentarlo más despacio detrás del salto, ¿no? La semana pasada, tras la más que dudosa manera en la que se cerró el “aborto” de confesión de Debra, nos quedamos con la intriga de saber qué es lo que haría Vogel con la hermana de Dexter. Y ya hemos podido comprobarlo: la está tratando como paciente, haciéndole regresar una y otra vez al momento que cambió su vida para siempre; a la muerte de María LaGuerta. En la vida hay cosas que no tienen vuelta atrás, por mucho que deseemos que sea de otra manera. Pensamos, recreamos y modificamos mentalmente el guión de nuestros errores, pero siendo conscientes de que, en el fondo, nada puede cambiarlos. Precisamente eso es lo que le ocurre a Deb, que regresa una y otra vez a aquel fatídico momento en el que apretó el gatillo. Inventa su propio desenlace, aquel que mejor se ajusta a los ideales en los que siempre creyó, y que acaba con la muerte de su hermano en lugar de la de su antigua superiora. Pero eso hace que la vuelta a la realidad se haga aún más dura. Esta parece ser la idea fundamental de la terapia que desarrolla Vogel: la de hacer que Deb repase una y otra vez aquel instante hasta que llegue a aceptarlo para poder, así, seguir adelante. Como bien le dice: “ Estás tan obsesionada con la vida que quitaste que te olvidas de la que salvaste. ” Y ahí reside uno de los aspectos más interesante de lo que hemos visto en este episodio, aunque no deja de ser algo que ya sabíamos: la muerte de LaGuerta no fue una finalidad, sino un medio para el verdadero objetivo de Debra: proteger a su hermano. Porque, al final, todo se reduce a eso. Por mucho que trate de volver atrás, Deb es consciente de que, al final, seguiría tomando la misma decisión y protegiendo a Dexter. Porque, como siempre ha sido, uno no es capaz de ser sin el otro. Deb quiere a Dexter fuera de su vida, pero no podría vivir sin él. Le culpa de su decisión, pero sabe que fue ella la que optó por apretar el gatillo. Es por su hermano por quien acepta las sesiones de terapia con Vogel sin rechistar (algo que aún me cuesta creer), y es también por él por quien está dispuesta a seguir adelante con la gran mentira de su vida. Es entonces cuando llega la que, para mí, ha sido la parte más interesante del episodio: el paralelismo que se ha dibujado entre Harry y Debra. A través de la cintas de vídeo de Vogel hemos podido comprobar cómo, años atrás, Harry iba descubriendo con temor al monstruo que se alojaba en el interior de su hijo. Y, lo que más le aterrorizaba: era consciente de que, en gran medida, era responsable de su existencia. Este “síndrome de Victor Frankenstein” que llevó a que Harry terminara suicidándose se ha transmitido a su hija. No en vano, la historia se repite, y los Morgan parecen inevitablemente destinados a proteger al oscuro pasajero de Dexter. Los remordimientos de Harry le llevaron a acabar con su vida. Y Debra no duda a la hora de intentar buscar una salida similar. Nos acercamos así a los últimos compases del episodio: encontramos, por primera vez en lo que llevamos de temporada, a una Deb tranquila, relajada, y segura de sí misma. Alguien que sabe que ha tomado la decisión correcta. Se despide de Quinn de manera cariñosa, y se enciende una alarma en nuestro interior: estamos ante la calma que precede a la tempestad. Sinceramente, pensé que Deb dispararía a Dexter allí mismo, en la puerta de la comisaría. Pero, en lugar de eso, decide acabar con el problema de raíz, terminando no sólo con la vida de su hermano, sino también con la suya propia. El problema de la escena es, sin embargo, que en ningún momento llegamos a temer por la vida de ambos. Si bien es cierto que Deb podría haber fallecido (lo cual habría sido interesante para el personaje de Dexter), la rápida actuación del pescador no nos ha dejado tiempo para que nos preocupáramos por ella. Y estaba claro que Dexter no peligraba. Ahora bien, el hecho de que, a pesar de todo, Debra regrese a buscar a su hermano sólo nos confirma lo que Vogel ha repetido hasta la saciedad: por mucho que regresara atrás, Deb volvería a disparar a LaGuerta una y otra vez. ¿Hacen falta más razones para convencerla de ello? Continuando con la doctora Vogel, no deja de resultarme llamativo lo fría que es. Hemos visto cómo todos los “responsables” del oscuro pasajero de Dexter se ven acosados por los remordimientos. Ella, sin embargo, no parece sentir nada que vaya más allá de la curiosidad profesional. Está obsesionada con Dexter, sí, pero como sujeto de sus investigaciones. Y pretende aislarle de todo lo demás para poder observarle con atención. Por suerte, Dexter se ha dado cuenta de lo que ocurre, y ha decidido poner punto y final a su relación con la doctora en cuanto sea posible. Sinceramente, sigo pensando que Vogel encaja a la perfección en el perfil del psicópata del que tanto la hemos oído hablar , y no me extrañaría que se convirtiera en alguien muy peligroso, especialmente ahora que Dexter quiere poner distancia entre ambos. Con respecto a la búsqueda de “The Brain Surgeon”, parece ser que ya hemos encontrado a nuestro asesino: un antiguo paciente de Vogel con una cicatriz exacta a la herida encontrada en las víctimas, y que fue resultado de una de las prácticas de dudosa moralidad de la neuropsicóloga. Pero… ¿estamos realmente ante “The Brain Surgeon”? Si es así, tengo que decir que no me parece un rival a la altura. Fallos como el dejar a una de sus víctimas agonizantes en un armario (después de haber recogido toda la casa), con la luz encendida, demuestran poca meticulosidad. Y la contradicción entre el, en teoría, gran amor que profesaba a su padre (que le lleva a caer en la trampa de Dexter sin dudar) y el hecho de que no le tiemble el pulso a la hora de poner su vida en peligro no me ha convencido demasiado. Si realmente es nuestro asesino, espero ver algo más interesante en el futuro. Porque, así, no se acerca a la altura de otros grandes rivales. Al menos, por ahora. Vamos, por último, a repasar las tramas más secundarias. Por un lado, Quinn ha aprobado, contra todo pronóstico, su examen , aunque nada le asegura que obtenga el puesto. No sólo lo pone en peligro con su particular manera de actuar, sino que, además, los ojos de los superiores están puestos en otra candidata que obtuvo mejor nota en el examen y que ha demostrado ser muchísimo más profesional que él: Angie Miller. Ya veremos qué ocurre con ellos. Hemos presenciado también la presentación de un nuevo interés amoroso para Dexter (una cara muy conocida para los seguidores de One Tree Hill ) y, lo más sorprendente, hemos descubierto que Masuka tiene una hija cuya existencia desconocía (otra cara que nos suena, al menos a los que vimos Friday Night Lights ). Personalmente, creo que introducir esta trama para Masuka, y a estas alturas, no tiene demasiado sentido. Pero espero equivocarme… En resumen, como decía, un episodio que, en mi opinión, ha estado algo por encima de los anteriores, pero que aún necesita un punto más para volver a enamorarme de esta serie. ¿Opináis lo mismo?

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Review True Blood: Don´t You Feel Me?

Subidón de True Blood esta semana . Por fin hemos eliminado algún lastre de tramas secundarias, resueltas algunas de una manera muy rápida (Alcide y Sam) y otras de forma trágica como venía apuntando desde hacía algunas semanas. Pero sobre todo, lo que más me ha gustado y con mucha, mucha diferencia, han sido los avances en las tramas principales. Tal y como comentaba, nos ha tocado despedirnos de Bellefleur . Guardemos un minuto de silencio en su memoria . Si bien Arlene ha hecho todo lo posible para conseguir que su marido fuera un hombre feliz y sobre todo, sin remordimientos, no ha podido evitar los planes suicidas de su compañero. Cuando estaba viendo todo el plan de hipnotizamiento vampírico pensaba, sí, sí, está muy bien la idea, pero vas a hacer que borre también el pacto que tenía con su colega y no lo anule… Y claro, dicho y hecho, este ha cumplido su palabra y lo ha matado sin que nadie lo viera venir. Un disparo certero y ya tenemos de vuelta a Arlene viuda. Conste que la pareja que hacían siempre me gustó, la manera en que se complementaban el uno al otro con sus rarezas y traumas… otra cosa son las tramas en las que se vieran envueltos estos personajes. Pero este, es otro tema que no hace falta volver a sacar. La trama de Alcide y su búsqueda, ya cansina, de Sam, Emma y Nicole también ha sido resuelta ¡hurra! . Eso sí, de una manera bastante chapucera en mi opinión. Tras tenernos varias semanas jugando a un pilla, pilla bochornoso para los personajes, de repente, Alcide consigue encontrarlos gracias a su padre y perdonarles la vida. Eso sí, Sam ya había entregado previamente a Emma a su abuela. Por lo demás todo se resuelve con que no vuelvan a Bon Temps y aquí no ha pasado nada. ¿En serio hacía falta semanas para llegar a esta conclusión? En fin… Corramos un tupido velo por esta parte también y vayamos a lo más interesante del capítulo. Sookie , a la cual habíamos dejado en peligro la semana pasada y andábamos todos apostando por cuál sería el hombretón que la salvara, ha conseguido salvar el pellejo de milagro gracias a… redoble de tambores… ¡Warlow! Eso sí, no le quitemos mérito a Bill, porque fue él quien sintió el peligro en que estaba Sookie y le dejó salir a solucionarlo. Con esto sí que no contaba, reconozco. Como Billith le ha dejado bien claro a Sookie que no le importa lo más mínimo me ha sorprendido que permitiera salir a Warlow para ocuparse del asunto. Pero el favor de Billith tenía los minutos contados, en plan “ Salva a Sookie majete y te vuelves . Y no te me entretengas por el camino que necesito tu sangre”. Así que Sookie decide teletransportarse a otra dimensión con Warlow para que esté a salvo de su “creador” y de sus experimentos. En este terreno libre de invocamientos de creadores vampíricos, Warlow confiesa a Sookie sus intenciones y lo bueno que sería para ambos ser vampiros ya que se alimentarían de la sangre del contrario y no tendrían que hacer daño jamás a ningún otro inocente. Como plan, digamos que no está mal, incluso piensas, mira qué buena persona es Warlow, así ya no mata a nadie y encima consigue a la chica, pero ¿qué piensa Sookie de ser vampira? En un principio creí que iba a soltar lo de “yo he tenido novios vampiros, pero no quiero ser vampiro”, cosa que me había sorprendido mucho en otra serie cuyo nombre no diré por si hiero sensibilidades spoileriles , pero no, Sookie me ha parecido bastante dispuesta a dar el paso y convertirse en vampira. Y mi trama favorita: el Campo de Concentración . Por un lado tenemos el resultado de la “lucha” entre Pam y Eric, en la cual han engañado a los humanos y han matado a los dos guardias que les apuntaban para obligarles a luchar. ¿No quería rollito Gladiator Sarah? Pues toma pelea sangrienta. Me ha encantado cuando Eric ve a Steve a través del agujero que han conseguido hacer en el cristal al ensartar a uno de los guardias. Este es el tipo de vampiro que deseaba volver a ver: astuto, impredecible, defensivo… Claro que montar este espectáculo ha tenido sus consecuencias, especialmente para Nora ya que le inyectan un nuevo arma ante los ojos impotentes de Eric: la hepatitis V ¿no me digáis que no os ha gustado el nombre, eh? , con la que piensan eliminar a todos los vampiros. Tengamos en cuenta que es un virus contagioso, transmitible vía sexual, ingerido e inyectable. Corren muy malos tiempos para ser vampiros y pinta todavía peor el futuro próximo. Eric decide tirar de la baza del invocamiento y consigue que Willa salve a Nora y le libere. Me ha gustado ver que Eric trata bien a su nueva “hija” ya que de verdad que llegué a pensar que solo la creó como un instrumento de lucha contra el Gobernador y después pasaría de ella. Vale sí, acaba de volver a utilizarla, pero parece que algo de cariño le tiene ¿no? ¿Os acordáis cuando ya hablamos de qué se escondería detrás de las intenciones del Gobernador con la fábrica de True Blood ? ¿Si ganar más dinero, tal y como parece en un principio, o cuestiones más turbias hacia los vampiros? Pues todos acertamos. Ya de llevarse unas ganancias extras con la producción de True Blood piensa utilizarla como medio para extender el virus. La cara de Eric al descubrir este plan es todo un poema. Suelta un señor fuck me más que justificado. Veremos la siguiente semana si consigue escapar todo el grupo al completo o si tal vez, Billith descubre de una vez la localización del Campamento. Porque aún no he hablado de Billith, pero desde luego esta semana ha hecho mucho. Para empezar ha decidido coger el toro por los cuernos y enfrentarse directamente al Gobernador. Aprovechando un vial de sangre de Warlow decide ir a tener una pequeña charla con el dirigente a plena luz del día, eliminar a todos sus guardias y exigirle que le diga dónde está el Campamento. Aquí chapeau por el Gobernador, no le ha importado sacrificarse por la causa y se ha negado a revelar la ubicación del mismo. Digamos adiós a este otro personaje guardemos un minuto de silen… porque Billith no ha dudado un segundo en eliminarlo. Ahora se presenta ante nosotros otro tipo de cuestiones: ¿ qué implicaciones tendrá el ataque de Billith hacia el Gobernador? ¿Acelerará toda la maquinaria que se ha puesto en marcha en contra de los vampiros? Y sobre todo, ¿quién pasará a tener el control de todo el tinglado? Yo apostaría que será Sarah la que se haga cargo de todo. Y la mujer no se corta ni un pelo a la hora de ordenar acciones antivampíricas; pero si bien es un personaje bastante fuerte, recalco lo de “bastante”. Dudo mucho de que ella en la misma situación que el Gobernador se hubiera negado a decir nada convirtiéndose en una mártir. Y también me pregunto ¿qué papel pasará a tener en todo esto Warlow? Porque si bien su plan es ser feliz con Sookie y vivir la vida, ya sabemos todos que nada resulta fácil en Bon Temps y, mucho menos, la felicidad.

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